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En
el s. XIII la España musulmana entra en una fase de caos,
mala administración y conflictos internos, que es aprovechada
por Fernando III el Santo para iniciar la reconquista andaluza.
En 1248 los musulmanes tienen que abandonar el país, comenzando
un proceso de cristianización en el que se Sevilla va a
jugar un papel muy importante.
El
puerto, donde confluyen mercancías, del Atlántico
y del Mediterráneo, permitirá que Castilla se integre
en la corriente comercial del Europa y, dos siglos después,
impulsará a Colón al descubrimiento de América.
A
partir de entonces Sevilla, per se una ciudad bien comunicada
y poseer un puerto interior de fácil defensa y control
fiscal, se convierte en la capital financiera y comercial de dos
mundos: Europa y América. De los muelles sevillanos parten
galeones con conquistadores y colonizadores que regresan a la
ciudad cargados de mercancías, plata, oro y piedras preciosas.
En torno al río comienza a funcionar todo un mundo de banqueros,
comerciantes extranjeros, artesanos y mano de obra barata que
van a hacer que la ciudad crezca vertiginosamente.
Ya
en el s. XVII - principios del XVIII acontecimientos como la pérdida
del monopolio comercial con América -como consecuencia
del traslado de la flota de Indias a Cádiz-, la expulsión
de los moriscos, la epidemia de peste que acabó con la
mitad de la población y la pérdida de territorios
en Europa, sumen a Sevilla en una profunda crisis económica
que paraliza radicalmente el crecimiento de la ciudad.
Sin
embargo, a finales del s. XVIII empiezan a realizarse en España
pequeñas reformas modernizadoras bajo el signo de la Ilustración.
Vuelve entonces la implantación de nuevos cultivos procedentes
de América, la mejora de las comunicaciones y el resurgimiento
cultural.
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