El
Conjunto Histórico de las Minas de la Reunión se
encuentra en el núcleo de Villanueva del Río y Minas,
abarcando el barrio de las Casas Nuevas y las instalaciones mineras
abandonadas.
Los orígenes de la cuenca minera se remontan a la época
de Felipe III, según figura en el "Registro y Relación
General de Minas de la Corona de Castilla" por Tomás
González en 1.621. Sin embargo, la explotación
en esta época no ofrecía grandes rendimientos
al explotarse sólo los filones superficiales y por la
precariedad de las técnicas. A partir del siglo XVIII
la actividad extractiva del mineral de carbón no presenta
una continuidad. Es a mediados de este siglo cuando se retoma
el interés por esta actividad a cargo de Juan de Ledis,
quien obtiene una concesión para extraer carbón,
lo que no se lleva a cabo por la oposición activa de
los vecinos por temor a perjuicios de salud. En el último
tercio del siglo XVIII, unos comerciantes de Sevilla y Cádiz
establecen la "Real Compañía de Minas de
Villanueva", obteniendo en 1.771 la licencia de explotación
a nombre de D. Antonio Aguirre, sin obstáculos y con
grandes ventajas. Su actividad se alarga hasta quebrar en el
año 1.789, por la deficiente mentalidad y escasos recursos
materiales y humanos, a pesar de las favorables condiciones
legales.
A partir de 1.789 se imponen unos fundamentos legales que liberalizan
el beneficio
del carbón. Esto abre las posibilidades
de explotación por parte de algunos vecinos. Este periodo
supone el inicio de una nueva orientación en la actividad
extractiva. Se produce de forma mixta entre los vecinos y las
iniciativas estatales, interesadas en el combustible para la
Real Fundición de Artillería de Bronces y Real
Maestranza de Artillería, a la que los arrendatarios
de las concesiones debían pagar un canon que suponía
una quinta parte de la producción. En 1810 la toma de
Sevilla por los franceses provoca la interrupción de
la explotación, que se reanuda en 1815, concediéndose
los privilegios de concesión de la compañía
de Navegación del Guadalquivir. Estas concesiones se
localizaban en la zona occidental, en la margen derecha de la
rivera del Huéznar y del arroyo Tomajoso y fueron alcanzando
mayores extensiones. Desde 1830 se establecen varias empresas
particulares en el lugar. Desde 1832 hasta 1836 va obteniendo
concesiones la Compañía de Minas y Fábrica
de Hierros del Pedroso, que instalrá sus pozos en la
margen oriental del Rivera del Huéznar. Estas concesiones
serán vendidas a la Compañía de la Reunión
en 1.840.
En 1.858 la Compañía de la Reunión se vende
a una sociedad formada por Isaac Pererie y el Crédito
Mobiliario que reunía la propiedad del ferrocarril Córdoba-Sevilla.
Este hecho es el inicio de la nueva orientación que determinará
el uso del mineral de carbón como combustible energético
para la joven implantación del ferrocarril. De esta manera
se favorece el impulso del transporte en detrimento de la industria.
Este fenómeno se consolida a partir de 1.875, año
en que la compañía de los Ferrocarriles de Madrid
a Zaragoza y a Alicante (M.Z.A.) compra el ferrocarril Córdoba-Sevilla
con sus concesiones mineras. De esta manera pasan las Minas
de la Reunión a manos de M.Z.A. y como consecuencia,
se produce un aumento en la demanda de carbón. Parte
del capital de M.Z.A. es francés, por lo que se introducen
en la zona intereses extranjeros. El periodo 1876-1941 supone
la etapa más importante y de mayor esplendor de las Minas
de la Reunión.
Sus tipologías edificatorias combinan elementos regionalistas
con el estilo colonial francés. Otro efecto lo vemos
en el sentido demográfico ya que supone una fuerte atracción
que permite que se genere una serie de núcleos de asentamientos
mineros, primero en torno a los pozos y más tarde en
barrios, cuya vida gira enteramente alrededor de los pozos y
más tarde en barrios mineros. En el sentido urbanístico,
se expresa también el desarrollo de un centro, residencial,
de gran importancia, para alojar al personal técnico
y administrativo en su mayoría francés. Estructuralmente
expresa una perfecta planificación urbana.