El
pequeño municipio de Villanueva del Ariscal se localiza
en el sector occidental de la provincia de Sevilla, perteneciendo
a la comarca del Aljarafe. En 1.996 disponía de una población
de 4.432 habitantes. El núcleo urbano está situado
en el límite meridional del término.
En
estas tierras se constata la presencia del hombre desde tiempos
remotos, aunque los vestigios arqueológicos más
importantes son de época romana. Los árabes fundan
una alquería agrícola (Talastar) que poco a poco
adquiere mayor importancia. Cuando los cristianos conquistan
este territorio en 1.248, el rey Fernando III el Santo (en el
Repartimiento de Sevilla) se lo concede a la Orden Militar de
Santiago. Durante el reinado de Alfonso X el Sabio, la población
es denominada Villanueva Aliscar. En el siglo XIV se convierte
en centro administrativo y judicial de la Orden en el Aljarafe.
En 1.537 es vendida al condado de Gelves, convirtiéndose
en señorío. En el siglo XVII se le concede a Leonor
de Portugal, vizcondesa de Torquemada, el título de Marquesa
de Villanueva, que ostenta su familia hasta la abolición
de los señoríos en el siglo XIX.
En
Villanueva se distingue un núcleo originario (siglos
XIII al XVI), constituido por las manzanas que aparecen en torno
a la Iglesia Parroquial, con dimensiones reducidas y formas
irregulares. Una serie de calles radiales convergen en la iglesia,
siendo esta configuración geométrica cortada por
el camino de Sevilla a Olivares. Este núcleo primitivo
se sitúa en el sector central, algo oriental, de Villanueva.
Entre los siglos XVI y XIX, la población vive un lento
crecimiento en dos direcciones: Hacia el sureste, hasta la ermita
situada en dirección a Sevilla, sector de medianas propiedades
donde se asienta la clase burguesa. Y hacia el oeste, donde
surgen grandes manzanas irregulares con vacíos internos,
destinadas a pequeños propietarios y braceros. Esta última
tendencia de desarrollo continúa con mayor fuerza en
la segunda mitad del siglo XIX, aunque ahora con manzanas de
menor tamaño que las anteriores.
Desde
principios del siglo XX hasta 1.965 continúa el crecimiento
hacia el oeste, apareciendo un nuevo eje de desarrollo en la
carretera de Olivares (al norte). La expansión hacia
el sur es aún poco importante, aunque es ahí donde
se va a ubicar un nuevo acceso al pueblo con la construcción
de una semirronda. Desde 1.965 a 1.980, el crecimiento se produce
por diversas urbanizaciones de segundas residencias (hasta ahora
inexistentes en el municipio), situadas al este y al sur del
casco, a caballo entre los términos de Villanueva y de
Espartinas. También se terminan ahora algunas barriadas
de viviendas adosadas iniciadas en la década de los 60.
El crecimiento de los últimos años se ha encontrado
al este y al sur con el límite administrativo del término
de Espatinas. Por ello, la expansión de Villanueva se
ha orientado hacia el norte y el oeste, primero con intervenciones
tradicionales y después con tipologías de viviendas
adosadas sobre un viario regular. Se han ido ocupando, como
extensión del casco urbano, los terrenos envueltos por
la semirronda, al tiempo que en la salida de la carretera de
Olivares han surgido nuevas viviendas de segundas residencias.
La morfología resultante en la actualidad es irregular
y algo dispersa.
Especial
importancia han tenido para el casco urbano las bodegas, concentradas
en cinco grandes manzanas incorporadas al núcleo original,
al oeste del mismo. Son la plasmación urbana de la dedicación
económica más tradicional e importante de Villanueva
del Ariscal.
Entre
sus edificaciones de interés histórico artístico
destacan la Iglesia Parroquial de Santa María de las
Nieves (siglo XVIII), la ermita de San Miguel y la hacienda
Pata de Hierro.