Históricamente,
la primera noticia cierta que se tiene de la ciudad data del
año 1253, cuando Alfonso X lleva a cabo el repartimiento
de sus tierras considerándola como una modesta alquería
defendida por un castillo. Ésta no pasará de forma
definitiva a manos cristianas hasta la batalla de Salado, en
1340. No obstante, los vestigios arqueológicos testimonian
un pasado más antiguo, pudiéndonos remontar al
Calcolítico (tercer milenio a. de C.).
Ahora
bien, la civilización romana resulta ser las más
patente, representada por un amplio legado que incluye importantes
ciudades, como Salpensa o Siarum. Ambas poblaciones contaban
con una amplia proyección urbanística e igualmente
acuñaron monedas propias.
De
hecho, hay quien basándose en la evidente raíz
latina de Utrera no tiene
inconveniente en otorgar un origen
romano a la actual población, identificándola
con Utraria -fábrica de Odres-. Corominas, en cambio,
piensa que el nombre deriva de Vultuaria -terreno elevado- aludiendo
a la orografía en la que está enclavada.
De
época visigoda quedan restos sepulcrales de escatologia
cristiana que cambian de signo tras la invasión musulmana.
Durante esta época, parece que la ciudad no era más
que una pequeña arquería con una torre de protección.
Luego, día tras día los repartidos para poblar
Utrera tuvieron ocasión de cercar la aldea con murallas
y transformar la torre en Castillo.
Durante
los s. XVI Y XVII Utrera experimenta un gran florecimiento económico,
que llega a su cumbre con Felipe 11, pues, en 1570 era la primera
población del próspero reino de Sevilla. Pero,
los efectos de la peste bubónica de 1649, que dejó
diezmada la población y la mala política de los
Austrias menores, cambiaron radicalmente el panorama.
La
esperanza puesta en el s. XVIII en las reformas ilustradas se
vio frustada. La guerra de la Independencia agravó aún
más la difícil situación, que cobra un
nuevo impulso con la familia Cuadra, con la que la vieja Villa
comienza a sentirse ciudad, pretensión que no consigue
hasta el reinado de Alfonso XII (1877).
Con
todo, hasta la guerra civil de 1936 Utrera presencia las convulsiones
propias de una sociedad agraria, con fuertes tensiones sociales.
La
guerra civil dejó una estela de sufrimiento y familias
truncadas. Hoy, Utrera es un típico ejemplo de población
mediana, con algo más de 46.000 habitantes que trabajan
para mejorar su destino, poniendo la mirada en un esperanzador
futuro.