El
municipio de Sanlúcar la Mayor se localiza en el extremo
occidental de la comarca del Aljarafe y de la provincia de Sevilla,
siendo limítrofe con la de Huelva. En 1.996 contaba con
una población de 10.412 habitantes, la mayor parte de
los cuales residían en el núcleo principal. Entre
las restantes entidades de población del término
destaca el caserío de Tablante.
Estas
tierras han sido ocupadas por el hombre desde tiempos muy remotos,
existiendo restos arqueológicos del Neolítico.
Los romanos construyeron aquí la ciudad de Locus Solis,
con un templo en honor del dios Sol. Con los visigodos (Solucus)
y con los árabes (Soluqar), la localidad vivió
una cierta decadencia. Su conquista por las tropas castellanas
se produce en 1.251, pasando a depender de la ciudad de Sevilla,
hasta que en 1.635 Felipe IV lo convierte en capital del ducado
de Gaspar de Guzmán. Cuatro años más tarde
recibe el título de Ciudad.
El
núcleo principal se localiza junto al borde occidental
de la meseta del Aljarafe, sobre el curso del río Guadiamar.
La topografía del lugar es muy característica,
por situarse al borde de una cárcava, con dos brazos
que determinan una plataforma orientada hacia el oeste, sirviendo
esas zanjas naturales de protección natural. El actual
centro urbano se configuró hacia el este, alejándose
del borde de la cárcava.
Su
origen como núcleo se remonta a época romana,
en la que la trama urbana tendría dos ejes fundamentales
(el cardo y el decumanus), orientados en sentido norte-sur (actuales
calles San Vicente y Conde Reus) y este-oeste (José Luis
Escolar y Juan de Mesa). En el espacio central de cruce se situaría
el foro, con el famoso templo del Sol (actual iglesia mudéjar
de San Eustaquio). En época árabe, la localidad
es amurallada, creándose un arrabal en torno al lugar
que hoy ocupa la iglesia de Santa María. En los siglos
XIV y XV, el Sanlúcar cristiano crece hacia el norte
y el este. A finales del siglo XVI surge al oeste del núcleo
musulmán el Barrio Nuevo, con eje en la calle Real Abajo,
y se produce también una expansión hacia el norte
(calles de las Huertas y Cambullón).
Tras
dos centurias de decadencia, el siglo XIX significa el inicio
de la recuperación. Comienza a celebrarse una feria anual
de ganado, situada en la prolongación de la calle Real,
al este de la población. La construcción del ferrocarril
y el trazado de la carretera Huelva-Sevilla constituyen infraestructuras
territoriales decisivas para el crecimiento urbano, originando,
a principios del siglo XX, el traslado de los antiguos terrenos
de la feria desde el extremo oriental al occidental del núcleo.
En
los años 70 se produce un incremento demográfico
importante. El municipio adquiere cierto aire de ciudad-dormitorio
de la capital, estando conectada con ella mediante autovía.
El desarrollo urbano se produce a base de polígonos,
barriadas y urbanizaciones a lo largo del camino Sevilla-Huelva
y su perpendicular, que enlaza Olivares con Benacazón,
siendo tangente al centro histórico por el este. Las
urbanizaciones han ido surgiendo de forma dispersa, sin conexión
con el casco histórico, destacando Nuestra Señora
de las Aguas, San Miguel, La Alegría, San Bartolomé
y Las Flores.
Entre
sus edificaciones de interés histórico artístico
pueden destacarse las iglesias de Santa María y de San
Eustaquio (ambas de estilo mudéjar), la de San Pedro,
el Convento de San José, así como la Cilla del
Cabildo y la Hacienda de Benazuza.