Historia de Moron de la Frontera
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El municipio de Morón de la Frontera se localiza en el extremo meridional de la provincia de Sevilla, siendo colindante con la de Cádiz. Su territorio se reparte entre la Campiña y las primeras estribaciones de la Sierra Sur. En 1.996 su población ascendía a 28.303 habitantes.
Estas tierras ya fueron ocupadas de forma permanente por el hombre en el Calcolítico. La ciudad de Arunci, de posible fundación celta, cobra gran importancia durante el dominio romano. En época visigótica se construye en esta localidad la iglesia paleocristiana más antigua de Andalucía. Durante el dominio musulmán Al-Mourol dispone de una alcazaba, construida sobre una primitiva fortificación romana. En el siglo XI llega a ser la capital de uno de los reinos de taifas. Fernando III el Santo la conquista para la Corona de Castilla a mediados del siglo XIII, pasando poco después a depender del Concejo de Sevilla. En 1.285, Sancho IV la entrega a la Orden Militar de Alcántara para que la defienda de los ataques musulmanes. A finales del siglo XIV, la Corona favorece su repoblación con privilegios y exenciones fiscales. En el siglo XV, Morón se integra en el señorío de los Condes de Ureña (la Casa de Osuna). Durante todo esa centuria, desempeña el papel de "guarda de la comarca", participando sus habitantes en las campañas finales de la Reconquista.

El núcleo urbano se localiza en el centro del término municipal. La configuración orográfica del lugar de asentamiento está presidida por el cerro del Castillo y se encuentra limitada al sur, al este y al noroeste por diversas colinas. Las únicas vías que la topografía deja libres para el crecimiento urbano son el norte, siguiendo los caminos de Arahal, Marchena y Puebla de Cazalla, y el oeste, en dirección a Sevilla.

Durante la dominación musulmana, el asentamiento se organiza en torno a la alcazaba, que cuenta con su propio recinto amurallado y se sitúa en lo alto de la colina existente en el sector sudoriental del actual núcleo. El fuerte incremento demográfico propicia que la edificación ocupe las laderas exteriores del castillo, estando protegidas por un segundo recinto amurallado, que tendría tres puertas (la de Sevilla al oeste, la de San Micas al norte y la de Olvera al sur). En el siglo XIII, los cristianos transforman la mezquita en iglesia y fundan al este del castillo el barrio de Santa María. Las barreras topográficas citadas y la poca importancia del camino de la sierra (hacia Pruna y Olvera) hacen que el núcleo se desarrolle hacia el norte y hacia el oeste. En la primera mitad del siglo XV, debido a la inseguridad fronteriza, la localidad se concentra en el recinto intramuros. En la segunda mitad de dicha centuria, al tiempo que se aleja el peligro musulmán, se desarrollan los arrabales de Santa María, de San Miguel y de la puerta de Sevilla.

En el siglo XVI se produce un importante desarrollo, quedando la morfología urbana definida al este por la calle San Miguel y su continuación la calle Corredera, al suroeste por la calle Carrera y al sur por la calle San Francisco. En los dos siglos posteriores continúa el fuerte crecimiento urbano hacia el suroeste y hacia el norte. A comienzos del siglo XIX, la presencia de las tropas francesas finaliza con la voladura del castillo. En 1.864 se inaugura el ferrocarril, permitiendo la comunicación con Utrera y con Sevilla. La estación se sitúa al norte del núcleo, propiciando un importante desarrollo en su entorno y constituyendo el catalizador del crecimiento en esa dirección que se produce a principios del siglo XX. En el otro extremo, la calle Alamos, que se abre paso entre el cerro del Castillo y la cadena de colinas meridionales buscando el camino de Pruna, ha constituido un límite al crecimiento hasta finales del siglo XIX.

En los años 50 y 60 se realizan asentamientos en el sector norte (barriada del Pantano) y en el sur, en el pequeño espacio que permite la topografía (San Francisco). Ya en los años 70 se construye la barriada de la Paz, con bloques aislados que consagran la orientación de crecimiento lineal hacia el oeste, siguiendo el camino de Sevilla, a lo largo del cual aparecen La Alameda y el polígono industrial C.E.M.G.S.A. Después de 1.975 (y hacia el este) se urbaniza mediante promoción pública el Polígono el Rancho. En la actualidad, el eje viario más importante de Morón es el que con dirección este-oeste estructura buena parte del núcleo como prolongación de la carretera de Sevilla. El sector norte acoge algunas de las promociones más recientes, en las que están presentes las nuevas tipologías constructivas.

Entre sus edificaciones de interés histórico artístico destacan las iglesias de San Miguel (siglos XVI-XVIII), San Francisco (siglo XVI), Nuestra Señora de la Victoria (siglo XVI), San Ignacio (siglo XVIII), la Merced (siglo XVIII), Santa María de la Asunción, Santa Clara y San Juan de Dios (siglo XVII), la ermita de Nuestro Padre Jesús de la Cañada (siglo XVIII), la Cilla del Cabildo, así como los restos de murallas y la Torre del Homenaje.

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En campo rojo: Un caballo galopando, de pelaje blanco, y enjaezado con silla en color natural,los estribos balanceándose, y las bridas rotas.
Al timbre:
Corona condal en recuerdo de haber pertenecido al "condado de Ureña".
Superficie: 430 Kms².
Distancia a la capital provincial: 68 kms.
Alt. sobre el nivel del mar: 258 ms.
Población: 29.468 p.
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