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Montellano, Montellano. Triste privilegio estar a la orilla del Guadalete. Costará setecientos años, conseguir que las aguas del Guadalete ya no bajen teñidas de su sangre, desde las laderas de la sierra del Pozo Amargo.
Pero Montellano, tras permanecer en las Mazmorras, ese lugar que todavía hoy se llama Las Mazmorras, renace con la Reconquista. Un Montellano primoroso de calles, de casas y de iglesias. En la plaza de la Concepción esquina a Ramón y Cajal nobles balcones, cierros y ventanas. Y ajimez con arcos, en la fachada del casino, azotea con barandas blancas, en la esquina de la calle General Sanjurjo. y cierras con rejas barrocas coronadas, en la calle Mesones, Romero Dorado.
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Restos del castillo de Cotes |
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Y de repente, un rótulo que nos deja sin respiración. El rótulo de una calle que se llama Calle Dios Mio.
El arte está ampliamente representado en la Parroquia del Señor San José, edificio de tres naves con hermosa torre campanario. Interior de arquitectura notable, con cúpula, columnas que soportan los arcos, imágenes de buena factura, algunas de ellas del siglo XVIII. Y un excepcional retablo de mármol del mismo siglo.
La Ermita del Cristo de los Remedios construida en el siglo XIX tiene un magnifico Calvario, cuyas dos imágenes son del mismo siglo. También es de interés el Asilo de Ancianos de las Hermanitas de los Pobres, con devota capilla.
La visita a Montellano siempre depara sorpresas. La primera encontrarse ante un pueblo que no tiene aspecto de pueblo, con casas de ciudad, y con un ambiente culto. Y después la sorpresa de su cocina, llena de sabor tradicional y al mismo tiempo refinado. Algo que merece hacer la excursión a Montellano, para conocerlo y saborearlo.
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