El
municipio de Los Palacios y Villafranca se localiza en el cuadrante
suroccidental de la provincia de Sevilla, perteneciendo a la
comarca del Bajo Guadalquivir. En 1.996 disponía de una
población de 31.718 habitantes, de los que el 90 % vivían
en la cabecera municipal. El término cuenta con otras
tres entidades de población, directamente relacionadas
con la actividad agrícola: los poblados de colonización
de El Trobal, Maribáñez y Los Chapatales, surgidos
en 1.970.
La
historia de Los Palacios se remonta hasta la época tartéssica,
cuando se denominaba Searo, siendo rebautizada por los romanos
como Searotinus. Durante la dominación musulmana (Seracatin),
debió existir un castillo, que es conquistado por Fernando
III a mediados del siglo XIII. La localidad pierde su carácter
militar y es abandonada, convirtiéndose en territorio
ganadero y de caza. A mediados del siglo XIV, Pedro I el Cruel
manda construir en esta zona una casa-palacio ("la Atalayuela")
sobre los restos del antiguo castillo árabe, como residencia
durante las temporadas de montería. A principios del
siglo XV, la propiedad pasa a pertenecer a los duques de Arcos,
dejando de ser palacio real para convertirse en un pequeño
asentamiento rural. De forma paralela, la localidad de Villafranca
del Salado es fundada por el rey Alfonso XI, y entregada a Diego
López de Arnedo en 1.330. Es reintegrada a la Corona
a finales del siglo XVII. Las dos localidades se fusionan en
un solo Ayuntamiento constitucional en 1.836, pasando a denominarse
Los Palacios y Villafranca.
El
asentamiento originario es el de Los Palacios, ocupando una
pequeña colina limitada al sur por los terrenos inundables
y por el canal del Caño de la Vera, al norte por el desaparecido
arroyo de la Raya, y al oeste por las tierras bajas de las marismas.
El desarrollo urbano posterior se va a producir hacia el este,
siguiendo el camino de Utrera.
En
los siglos XIV y XV, Villafranca de la Marisma dependería
de Los Palacios, constituyendo un asentamiento disperso, ocupado
por pastores dedicados a la cría caballar, que plantarían
sus chozas en la falda soleada que desciende suavemente hacia
el arroyo de la Raya, la divisoria histórica de los dos
asentamientos. En el siglo XVII, Los Palacios ocuparía
la colina originaria como asentamiento urbano, estando totalmente
rodeado por el territorio de Villafranca.
En
el siglo XIX, la unión de los dos núcleos se materializa
en la conformación de un eje urbano transversal, formado
por la Plaza de España y las calles Husillo Real, Charco
y Blas Infante, y situado sobre el antiguo cauce que había
constituido la divisoria natural de ambos asentamientos. También
se potencia el eje norte-sur, prolongando la actual calle Nuestra
Señora de la Aurora en la Real de Villafranca y San Agustín.
El núcleo histórico central de Los Palacios, los
ejes norte-sur y este-oeste y la carretera Sevilla-Cádiz
han sido los elementos estructurantes de la trama urbana hasta
mediados del siglo XX.
En
los últimos años, el crecimiento urbano ha sido
muy importante y la expansión se ha producido hacia el
este, sobre la carretera de Utrera (SE-422), hacia el oeste
y hacia el norte, en dirección a Sevilla. Este proceso
se realiza por transformación simple del parcelario agrícola,
sobre todo a base de edificaciones marginales, de autoconstrucción,
que el Ayuntamiento ha urbanizado a posteriori. También
han surgido nuevas barriadas municipales y de protección
oficial (San José Obrero, Virgen de Araceli, Las Flores).
En los nuevos desarrollos dominan las manzanas alargadas y regulares,
orientadas sobre todo de este a oeste y de norte a sur. El crecimiento
septentrional tiene una trama urbana ligeramente más
irregular que el sector oriental.
La
travesía de la carretera N-IV ha dividido históricamente
el núcleo urbano en dos sectores (occidental y oriental),
aunque recientemente se ha construido una variante de la misma
al oeste de la población. Por el contrario, la Autopista
Sevilla-Cádiz desarrolla su trazado al este de Los Palacios.
El canal del Caño de la Vera supone otra barrera al crecimiento
urbano por el sur.
Entre
sus edificaciones de interés histórico artístico
cabe destacar la Iglesia Parroquial de Santa María la
Blanca (siglo XVII), la ermita de Nuestra Señora de la
Aurora y la capilla de Nuestra Señora de los Remedios.