El
municipio de Guillena está situado en el cuadrante noroccidental
de la provincia de Sevilla, en el espacio de transición
entre la Vega del Guadalquivir y las primeras estribaciones
de Sierra Morena. En 1.996 contaba con una población
de 8.281 habitantes, de los que aproximadamente las 4/5 partes
residía en el núcleo principal. Las restantes
entidades de población del término son el poblado
de Torre de la Reina, la aldea de Las Pajanosas y la urbanización
Lagos del Serrano. La cabecera municipal se asienta sobre una
suave loma, que se inclina hacia el este hasta descender al
cauce del Rivera de Huelva y al oeste buscando el cauce del
arroyo Galapagar.
En
estas tierras existen restos arqueológicos de época
prehistórica, pero la crónica local parte de la
población hebrea de Gensena. Bajo el dominio romano vive
momentos de cierto esplendor, para decaer durante el periodo
visigodo. Los árabes la recuperan en forma de alquería,
aunque su progresivo desarrollo urbano acabará transformándola
en una plaza fortificada. En 1.247 es conquistada por el rey
Fernando III el Santo. En 1.286, por privilegio de Sancho IV,
se convierte en Villa, bajo la jurisdicción de la Corona.
En 1.507, la reina Juana la Loca la vende, junto con su término,
a Perafán de Ribera, incorporándose a las posesiones
del ducado de Medinaceli.
El
origen del asentamiento se encuentra en alguna villa romana,
situada en un punto estratégico de la calzada que recorría
la Ruta de la Plata, y que no llegaría a constituir un
núcleo urbano. Sería propiedad de un tal Giulius,
que daría nombre a la localidad. Durante el dominio musulmán,
la explotación agraria se transforma poco a poco en un
alcázar, como lo testimonian los restos del castillo
medieval. Es posible que en esta época existiera un pequeño
arrabal al sur de la fortaleza, que serviría a la alquería
y a la guarnición militar. A finales del siglo XIII constituye
ya un asentamiento de cierta importancia, que conserva el carácter
defensivo y donde se formalizan las manzanas que envuelven el
castillo por el sur.
A
comienzos del siglo XV se construye la Iglesia Parroquial, cuya
plaza se convierte en el centro de la localidad. De ella parte
hacia el sur el eje ordenador del crecimiento urbano hasta finales
del siglo XIX. A continuación de dicha plaza y sobre
el mismo eje principal, se formaliza el espacio central de la
ciudad del XVIII (la Plaza de España), donde se sitúa
el Ayuntamiento. Durante el siglo XIX el núcleo sigue
creciendo, hasta la total conformación de un tridente
de calles orientadas al este, al oeste y una tercera como eje
central que enlaza las plazas y se desarrolla de norte a sur.
Durante
el siglo XX, el crecimiento se produce de forma lineal hacia
el norte, a lo largo de los caminos de Las Pajanosas y de Burguillos,
hasta el puente que cruza el Rivera de Huelva. En la primera
mitad del siglo se conforman las calles periféricas que
delimitan el centro histórico. En la segunda se produce
un cambio de tipologías edificatorias, con la aparición
de polígonos de promoción. El núcleo presenta
en la actualidad una morfología irregular, más
alargada en sentido este-oeste, y una imagen poco compacta,
con varios sectores urbanos entre los que se intercalan algunos
vacíos internos.
Entre
sus edificaciones de interés histórico artístico
destacan la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la
Granada (siglo XV, de estilo mudéjar) y el Ayuntamiento
(siglo XVIII, de estilo neoclásico), así como
las ruinas del castillo árabe.