La
presencia del hombre en estas tierras se remonta hasta el Neolítico,
habiendo dejado con posterioridad su impronta las culturas turdetana,
fenicia y romana. En los inicios de la época imperial,
la localidad cobra cierta importancia, ya que sus canteras suministran
los materiales con los que se construye Itálica. Los
árabes la denominan Ierenna, siendo conquistada en 1.247
por las tropas castellanas. En 1.253, el Repartimiento de Sevilla
deja la población en manos del concejo hispalense. En
el siglo XVII se crea el título de Conde de Gerena, que
es concedido a Pedro Ursúa y Arismendi, pasando con posterioridad
a manos de otros linajes nobiliarios.
Los
romanos construyen en el cerro una fortificación para
defender la vía natural de comunicación con la
Sierra que es el cauce del Guadiamar. El recinto urbano, de
6.000 metros cuadrados, tendría dos ejes estructurantes
de la trama, el cardo y el decumanus, que aún permanecen
en ella. Son las calles Jazmín (de norte a sur) e Isaac
Peral (de este a oeste). Los musulmanes conservan el espacio
intramuros y restauran las murallas. El núcleo sigue
jugando el mismo papel, como fuerte de alto valor estratégico
y para la defensa de las alquerías circundantes. La impronta
árabe se refleja en la trama urbana, con las típicas
inflexiones sobre el viario y la aparición de múltiples
adarves.
A
mediados del siglo XIV se construye la Iglesia Parroquial, que
se sitúa en el cuadrante suroccidental y junto al citado
eje norte-sur. Con el final de la Reconquista (finales del siglo
XV), las murallas van perdiendo su función y el núcleo
se transforma en un asentamiento civil. A mediados del siglo
XVI, se forman las primeras manzanas extramuros y surge la que
hoy es la plaza del Ayuntamiento. De ella parte el camino de
Sevilla (actual calle Capitán Cortés), constituyendo
el eje ordenador de un incipiente desarrollo urbano hacia el
este, la única dirección posible si se tienen
en cuenta los condicionantes topográficos. En el siglo
XVII se produce un cierto estancamiento del crecimiento urbano.
Los primeros síntomas de reactivación se aprecian
a mediados del siglo XVIII, cuando comienza a renovarse el caserío
y surge una nueva vía de extensión hacia el norte,
sobre el camino de El Algarrobo.
Pero
el verdadero desarrollo urbano se produce en la primera mitad
del siglo XX. La explotación de las canteras del municipio
(especialmente por la atención dedicada a las obras públicas
durante la dictadura del General Primo de Rivera) provoca un
aumento demográfico y un crecimiento de la trama urbana.
El Ayuntamiento realiza la primera urbanización (Las
Canteras), totalmente desconectada del casco histórico.
Sobre el camino de El Algarrobo surgen urbanizaciones privadas
y en 1.977 se aprueba el Plan Parcial Los Zarzalejos, en el
límite septentrional del área urbanizada. Constituye
una reserva de suelo para dar respuesta a la demanda turística
de sierra, estando destinada a viviendas unifamiliares de segundas
residencias. El desarrollo urbano más reciente se ha
dirigido hacia el norte, debiendo sortear numerosas dificultades
topográficas.
La
morfología actual de Gerena refleja todo este proceso
histórico. El núcleo primitivo, de pequeñas
manzanas irregulares, se localiza en el extremo suroccidental
de la población. Los crecimientos posteriores se producen
en una primera fase hacia el este y más tarde hacia el
norte, estructurado este último por un claro eje norte-sur.
En los últimos años han surgido urbanizaciones
separadas físicamente del núcleo, tales como Los
Hotelitos, al oeste, y Los Zarzalejos, al norte. Esta última
ha alcanzado un mayor desarrollo, habiendo surgido entre ella
y el núcleo principal otras construcciones.
Entre
sus edificaciones de interés histórico artístico
destacan la Iglesia Parroquial de la Inmaculada Concepción
(siglo XIV, de estilo mudéjar), la iglesia de San Benito
(siglo XVI), la capilla de la Soledad, el Ayuntamiento (siglo
XVIII) y los restos de la muralla romana.