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La
presencia del hombre en estas tierras se remonta hasta tiempos
de los turdetanos, fundadores de la población de Orippo,
que alcanzó gran importancia bajo el dominio romano y que
vivió un largo periodo de decadencia durante las dominaciones
visigoda y árabe (Al-Mudain). La conquista cristiana de
esta región la realizan las tropas de Fernando III a mediados
del siglo XIII. En el Repartimiento de Sevilla, las alquerías
musulmanas pasan a manos de los conquistadores en forma de donadíos
y heredamientos. En algunas de estas aldeas se construyen torres-fuertes,
que con posterioridad se transforman en asentamientos urbanos.
Es el caso del modesto cortijo fortificado de Dos Hermanas, que
consigue desarrollarse por estar suficientemente alejado del río
para que no le afecten sus permanentes crecidas y en el cruce
del camino Sevilla-Cádiz con los que conducen a Los Alcores,
a Quintos y a Alcalá de Guadaira. También existe
una tradición según la cual en el citado Repartimiento
tocó una parte al caballero leonés Gonzalo Nazareno,
padre o familiar de las hermanas Elvira y Estefanía, que
hallaron en una gruta una cruz y una imagen de Santa Ana y que
decidieron erigir en ella una capilla. Este lugar, un nuevo asentamiento
no coincidente con el de Orippo y que hasta entonces sólo
había sido una alquería, habría ido congregando
poco a poco habitantes hasta convertirse en un pueblo.
El
núcleo principal se asienta sobre un terreno casi llano
de formación aluvial, en el área que debió
ocupar el Lacus Ligustinus. El origen del emplazamiento está
en una explotación agraria con la estructura de las alquerías
musulmanas, pero que sería fundada por los cristianos a
mediados del siglo XIV en el cruce de las actuales calles Marea
(Santa María Magdalena) y Canónigo, en las inmediaciones
de la plaza donde hoy se sitúan el Ayuntamiento y la Iglesia
Parroquial.
El
crecimiento urbano se realiza a lo largo de la calle Santa María
Magdalena, desde la plaza situada al este hasta la calle San José
al oeste, generando hacia el norte en un primer tramo manzanas
alargadas en forma de cuña, buscando las calles la intersección
de los caminos de Sevilla y de Quintos, punto en el cual terminará
creándose la Plaza del Arenal. Conforme la urbanización
se aleja de la plaza, las manzanas son más rectangulares,
con calles perpendiculares al eje generador. Hacia el sur, y partiendo
también de Santa María Magdalena, la calle Antonia
Díaz describe una amplia curva hasta volver a la plaza,
por lo que el crecimiento debe organizarse a base de manzanas
oblicuas orientadas hacia el sureste.
Durante
algún tiempo predomina el desarrollo a lo largo del eje
este-oeste, por la importancia del núcleo de la Serrezuela,
que a principios del siglo XV era similar al de Dos Hermanas.
El camino de unión con dicha localidad facilitó
el desarrollo urbano hacia el oeste, al tiempo que el camino viejo
de Sevilla-Cádiz posibilitó el crecimiento hacia
el sureste. En los siglos XVIII y XIX continua el mismo proceso
y se crea la plaza de la Constitución.
En la primera mitad del siglo XX, el crecimiento demográfico
es continuo pero moderado. Los asentamientos urbanos se producen
a lo largo del camino de Cádiz, prolongando la calle Real
y generando un desarrollo lineal hacia el sureste. Al tiempo,
se produce un desarrollo periférico en el borde occidental,
a lo largo de las calles Isaac Peral y la actual Avenida de Andalucía,
y se formalizan tres cuñas urbanas perpendiculares a dicho
eje de circunvalación que coinciden con las calles Luis
de Ibarra (conexión con la carretera Madrid-Cádiz),
Cristóbal Colón (viejo camino de la Serrezuela)
y Velázquez (paralela a la línea de ferrocarril
en su tramo norte). Estos desarrollos se sueldan perfectamente
al casco urbano y siguen los ejes de crecimiento histórico.
En
los últimos años se ha producido un enorme crecimiento
demográfico, debido al efecto metropolitano de Sevilla,
la proximidad del Puerto, las buenas condiciones topográficas
para la edificación y el éxito de los asentamientos
industriales. Tal crecimiento ha sido imposible de ordenar urbanísticamente
de forma coherente, resolviéndose con la multiplicación
de construcciones a lo largo de los viejos caminos, en la mayoría
de los casos mal conectadas con el centro urbano, con tipologías
de bloques las más cercanas y unifamiliares las más
alejadas. Así han surgido hacia el norte las barriadas
de Santa Ana, San Hermenegildo y Virgen de los Reyes, hacia el
sureste la de Ibarburu y al oeste, por donde la urbanización
llega hasta la Autopista Sevilla-Cádiz, las de Virgen del
Rocío, Nuestra Señora del Amparo, Venta Bermeja,
El Palmarillo, San Pablo o Ciudad Blanca. El resultado final es
un mosaico de urbanizaciones en forma de conurbación dispersa,
con grandes vacíos interiores.
La
vía del ferrocarril, construida en dirección noroeste-sureste,
constituye una barrera artificial que dificulta el crecimiento
urbano hacia el norte y noreste, aunque también han surgido
asentamientos al otro lado de ella, en los tramos iniciales de
los caminos de Quintos y de Alcalá de Guadaira: San Hilario,
La Moneda, Las Infantas, Federico Mayo, Entrenaranjos, etc. Las
urbanizaciones de viviendas unifamiliares existentes al otro lado
de la autopista, en el extremo oeste de la localidad, funcionan
como unidades independientes entre sí, sin continuidad
urbana, y totalmente separadas del núcleo central por dicha
vía de comunicación. Son La Motilla, El Castillo,
La Hacienda, Parque Giralda, Viñachica, Montelirio, etc. |