Cruzado
por el Río Guadalete y el Arroyo Salado, el municipio
de El Coronil se establece en un extremo de la campiña
de Sevilla, extendiéndose su término hasta más
al sur que el núcleo de Puerto Serrano, en la provincia
de Cádiz.
La
villa dista de la capital provincial unos 53 kilómetros
y su población ascendía a 5.134 habitantes en
1.996, que se concentran en la única entidad de población
existente el municipio, la villa de El Coronil.
En
esta zona se hallaron vestigios que apuntan hacia un pasado
remoto en lo relativo a los primeros asentamientos humanos;
los restos arqueológicos más antiguos que se conservan
datan del periodo calcolítico, etapa de la que procede
el dolmen, que actualmente permanece enterrado en las inmediaciones
del pueblo.
Al
parecer, hay quien defiende la tesis que ubica en la villa actual
una primitiva población celtíbera que se denominaría
Salpesa, base que luego acabaría siendo reutilizada por
los romanos; así se deduce de los innumerables hallazgos
de ésas épocas. Sin embargo, el nacimiento de
la localidad no se produjo hasta el siglo XIV, momento en el
que el lugar no era más que un cerro deshabitado. Como
informa José María de Mena, El Coronil es uno
de los pocos pueblos que nacen en época plenamente histórica,
como resultado de una actuación jurídica deliberada;
fue en 1.381 cuando el rey Juan I de Castilla concedió
permiso al Adelantado de Andalucía, Ruy Pérez
de Esquivel, para repoblar esta colina o corona en la que ya
existía un edificio o restos de él (parte del
actual Castillo de la Villa), al parecer de época íbera-celta,
aprovechada por romanos y musulmanes de lo que es actualmente
su castillo.
De tal configuración orográfica procede el nombre
de la villa, en unos momentos en que los primeros pobladores
contabilizaban el número de 15 familias en torno al castillo
que se construyó en esa misma fecha y que hoy es casa
de vecinos. El citado promotor de la localidad quedó
como señor del territorio que, mas tarde pasó
a la casa de los Ribera. Los Adelantados se encargaban también
del Castillo de las Aguzaderas, que era parte del municipio
de Sevilla y luego propiedad de los Medinaceli, que lo cedieron
en propiedad al ayuntamiento del pueblo. La categoría
de villa se alcanzó en el siglo XVII y en 1.812 obtuvo
su independencia como ayuntamiento constitucional.
El
núcleo originario estaba constituido por un pequeño
número de viviendas en torno al castillo y la iglesia.
Las primeras expansiones se producen en torno a un eje noreste-suroeste
ocupando el borde del promontorio sobre el que se ubica la villa.
Esta estructura claramente lineal del pueblo, únicamente
se ve transformada en tiempos de la postguerra civil, en la
que se produce un importante crecimiento hacia el sur del núcleo,
en la zona denominada Las Malvinas, que presenta una trama urbana
perfectamente ortogonal con pequeñas manzanas de viviendas
unifamiliares. Más recientes son las expansiones que
se producen hacia el este, apoyadas en la construcción
del Colegio Público y el Polideportivo Municipal. También
de reciente construcción (década de los 80) es
el Parque del Barranco que ha supuesto una dignificación
del principal acceso a la ciudad desde la capital de la provincia.
En
lo tocante a sus monumentos, los más señalados
son además del castillo, la Iglesia de Nuestra Señora
de la Consolación, la Capilla de Nuestra Señora
de los Remedios, la del Cristo de la Vera Cruz y la antigua
escuela de Madre de Dios, levantada en 1.767 y restaurada en
1.889.