El
municipio de Constantina pertenece a la comarca de la Sierra
Norte sevillana, incluyéndose en el ámbito del
Parque Natural del mismo nombre. En 1.996 su población
ascendía a 7.390 habitantes.
Los
orígenes de esta localidad se remontan hasta el siglo
XIII a.C., cuando los celtas fundan la ciudad de Sucum Murgi,
que más tarde remodelan los cartagineses. Los romanos
se establecen en ella, pero trasladan el asentamiento del cerro
del Almendro al del Castillo, y la denominan Constantia Iulia
en honor del hijo del emperador Constantino. Tras el periodo
de dominio musulmán, Fernando III la conquista a mediados
del siglo XIII, pasando poco después a depender de Sevilla
y siendo repoblada con ganaderos sorianos. Durante el reinado
de los Reyes Católicos se convierte en villa de realengo.
En 1.916, Alfonso XIII le concede el título de Ciudad.
El
núcleo urbano se asienta en un terreno ondulado y está
rodeado de cerros, en uno de los cuales (al oeste de la localidad)
se encuentra el castillo. En el emplazamiento originario debieron
influir las condiciones topográficas (que facilitan la
defensa), la existencia de agua abundante y buenos pastos en
la zona, así como las minas de plata y de cobre. Constantina
se localiza sobre el camino de Extremadura, al borde de la calzada
romana que comunicaba Hispalis con Emerita Augusta.
Durante
el período musulmán, se ocupa el cerro del Castillo
y se reordena el fuerte romano. Se produce el primer crecimiento
extramuros sobre la falda meridional de la colina. En este barrio
persiste hoy todavía la típica trama árabe,
con centro en la antigua iglesia de Santa María la Mayor,
como sustitución de lo que debió ser la mezquita
musulmana. Tras la Reconquista se produce un rápido crecimiento,
que permite ocupar la ladera oriental del cerro del Castillo
con calles que siguen las curvas de nivel y manzanas que envuelven
el citado cerro y descienden hasta el cauce del arroyo.
La
vía principal de Constantina, ordenada de norte a sur
sobre el Camino Real de Sevilla, se denomina desde el siglo
XVI calle Mesones, lo que refleja la importancia del núcleo
como lugar de tránsito. Tras un periodo de regresión,
el siglo XVIII conoce un auge económico que se traduce
en el orden urbano en la potenciación del eje norte-sur,
en la urbanización del fondo del Valle de la Osa, sobre
todo en la margen del arroyo, y en la expansión del núcleo
hacia el norte, siguiendo el camino de Cazalla. Durante el siglo
XIX, el desarrollo urbano se orienta hacia el sur, a lo largo
del valle y siguiendo el camino de Sevilla.
En
la primera mitad del siglo XX, la dinámica de crecimiento
se acentúa con un incipiente desarrollo industrial. Las
expansiones urbanas se producen sobre las vías de acceso:
hacia el norte, sobre el camino de Cazalla (Villalatas); hacia
el noreste, sobre el camino de Las Navas; en la prolongación
de la calle Morería; etc. También se realiza una
importante renovación del casco antiguo y se canaliza
el arroyo Allende o de la Villa. Con el descenso demográfico
acaecido desde mediados de siglo, Constantina mantiene la unidad
de su casco urbano, de marcado carácter lineal norte-sur,
ocupando las faldas del Valle de la Osa. El arroyo de la Villa
es el eje medular y los caminos sirven como directrices de los
nuevos asentamientos residenciales. En los últimos tiempos
están surgiendo viviendas unifamiliares aisladas, de
tipo vacacional. La construcción de bloques aislados
y en altura también ha hecho su aparición, pero
de forma limitada y localizada: barriada del Cerro del Barrero
y las Tres Torres. En el extremo meridional se localizan diversos
equipamientos públicos de carácter educativo y
sanitario.
Entre
sus edificaciones de interés histórico artístico
destacan el Castillo del Almendro, la Iglesia Parroquial de
Santa María de la Encarnación (siglos XIV-XVI),
la iglesia de la Concepción, el Convento de los Angeles,
la capilla de Nuestro Padre Jesús y la ermita del Robledo.