El
municipio de Cazalla de la Sierra se incluye en la comarca de
la Sierra Norte sevillana, formando parte del ámbito
del Parque Natural del mismo nombre. Su extremo noroccidental
es limítrofe con la Comunidad Autónoma de Extremadura.
En 1.996 su población ascendía a 5.229 habitantes,
la mayor parte de los cuales residía en el núcleo
principal. Entre las restantes entidades de población
del término destaca el poblado de La Ganchosa.
El
hombre ya habitó estas tierras serranas en el neolítico
y el calcolítico, como lo atestiguan diferentes restos
arqueológicos. Sobre una antigua fortificación
cartaginesa, los romanos fundan la localidad de Callentum. Con
la llegada de los árabes, pasa a denominarse Castalla,
siendo conquistada por las tropas cristianas a mediados del
siglo XIII. Pertenece durante varios siglos al Consejo de Sevilla,
siendo una de las plazas fuertes que defienden su Reino de los
ataques portugueses. La población alcanza su esplendor
en los siglos XVI y XVII, llegando a convertirse en residencia
del rey Felipe V a principios del siglo XVIII.
El
núcleo primitivo se asienta sobre un pequeño cerro
de 605 metros de altitud. Sus desarrollos posteriores se producen
hacia el norte, sobre una depresión natural definida
por dos montículos de 650 metros, situados al este y
al oeste. Los condicionantes geográficos y topográficos
han determinado en gran parte su morfología urbana.
La
aparición de estelas funerarias en las proximidades de
la iglesia de la Consolación hace pensar en la existencia
de un primitivo fuerte visigodo sobre el cerro del Castillo
y de una necrópolis en su falda norte. Pero es bajo la
dominación musulmana cuando el asentamiento se configura
como núcleo urbano. En un primer momento se reutilizan
los materiales visigóticos en la fortificación
del cerro. Ya en época almohade, se construye la alcazaba
y se formaliza un núcleo residencial hacia el este, que
se extiende hasta la actual calle Arenales. Constituye un recinto
fortificado alargado de este a oeste y limitado al sur por los
escarpes topográficos y al norte por la calle Teniente
López Cepero. El recinto cuenta con varias puertas: la
del norte, que conduce a la alcazaba y que origina en su exterior
la plaza del Arrabal (actual plaza de España), punto
desde el que partirá el desarrollo de la ciudad medieval
cristiana; y la puerta de Azahín, situada al este, y
en torno a la que surgirá el arrabal del mismo nombre.
En
el siglo XIV se realizan importantes reformas en la fortaleza
almohade y se construye la iglesia de Consolación, que
se convierte en hito del crecimiento urbano hacia el norte,
con calles que generan manzanas irregulares y que confluyen
en la plaza de la iglesia (Plaza de los Mártires). Durante
el siglo XVI y la primera mitad del XVII se produce un fuerte
desarrollo, llegando el núcleo hasta el límite
natural que por el norte representa el hoy desaparecido Arroyo
de Olivillas. Al triplicarse la población en poco más
de un siglo, se va conformando un núcleo radiocéntrico
con los conventos Madre de Dios y San Francisco como fachada
norte, donde se asentaría la población fija de
mayor nivel económico. Para la clase obrera temporera
que explota las viñas se urbaniza el Barrio Nuevo, situado
más allá de los citados conventos y en las faldas
occidentales que vierten al cauce del arroyo Egido. Su trama
ortogonal, con un eje principal norte-sur paralelo al citado
arroyo, se adapta a la topografía con manzanas alargadas
en el sentido de las curvas de nivel, salvando las mayores pendientes
las calles transversales.
En
la segunda mitad del siglo XVIII se producen significativas
transformaciones en el casco urbano consolidado. El eje norte-sur
se convierte en el más importante, y su prolongación
constituye la base del desarrollo del siglo XIX, que transforma
el esquema morfológico radiocéntrico de Cazalla
en predominantemente lineal, con su límite norte en el
Convento de Santa Clara y la Iglesia del Carmen (sobre el camino
de Guadalcanal) y el límite sur en la Iglesia de San
Benito (en la salida de El Pedroso). En el sector norte se forma
un tridente de calles (Carmelo Merchán, Llana y Daoiz),
que confluyen en el Paseo, a lo largo del cual se expandirá
la población a finales del XIX y a comienzos del XX.
En
este último siglo se reconstruye el Barrio Nuevo y se
colmatan los barrios periféricos, pero sin generar grandes
crecimientos en la trama urbana a causa del descenso demográfico.
En la actualidad, el casco antiguo ocupa el sector sureste de
Cazalla, con su forma redondeada y pequeñas manzanas
de formas diversas e irregulares. El posterior crecimiento hacia
el norte transforma la fisonomía del núcleo en
lineal. En los últimos años sí se ha producido
la implantación de diversas actividades industriales
y terciarias en los extremos meridional y, sobre todo, septentrional.