El
municipio de El Castillo de las Guardas se enclava en el extremo
noroeste de la provincia de Sevilla, en las primeras estribaciones
de la Sierra Norte. Muy relacionado se encuentra este municipio
con las zonas de El Andévalo y la Sierra Onubense, al
situarse en el camino que comunica la capital hispalense con
estas zonas, muy ligadas tradicionalmente a la provincia de
Sevilla, dada la cercanía y facilidad de acceso a la
misma, especialmente si se compara con la tradicional desconexión
de esta zona con la capital hispalense.
La
población del municipio ascendía a 1.800 habitantes
en 1.996, que se distribuyen entre catorce entidades de población,
trece aldeas más la villa de El Castillo. Estas aldeas
son: La Alcornocosa, el Alisar, Archidona, Arroyo de la Plata,
la Aulaga, las Cañadillas, el Cañuelo, las Cortecillas,
Minas del Castillo de las Guardas, el Pedrosillo, el Peralejo,
Peroamigo y Valdeflores. De todas ellas destacan por su tamaño,
Arroyo de la Plata y Minas del Castillo de las Guardas, con
más de 200 y 160 viviendas, respectivamente.
Los
dólmenes, la orfebrería y otro tipo de vestigios
documentan la hipótesis que señala la existencia
de pobladores prehistóricos en estos lugares. Desde tiempos
remotos se explotaron las riquezas minerales, como parece que
sucedió con los tartesios en su búsqueda de cobre
y plomo. La herencia minera pasó a los fenicios y romanos,
quienes convirtieron la zona en un centro esencial de la economía
comarcal y se preocuparon de diseñar rutas para el transporte
y las comunicaciones entre este lugar, Huelva y Río Tinto.
En
tiempos de los árabes, lo que hoy es el Castillo de las
Guardas sobresalía como núcleo habitado y emplazamiento
estratégico; en el pueblo había una mezquita,
cementerio y otras instalaciones islámicas que revelan
su prestigio. En 1.247, la conquista Fernando III y la encomendó
al Ayuntamiento de Sevilla, con lo que se vio libre de señoríos
hasta su emancipación a finales del siglo XVII.
Tres
elementos han configurado a lo largo del tiempo la estructura
urbana de la villa. De una parte, el Castillo, al calor del
cual se origina el núcleo urbano y que se va extendiendo
progresivamente hacia el este. Un segundo elemento, son los
diversos caminos y carreteras que surgen del núcleo urbano
y que han servido de apoyo a las diferentes etapas de crecimiento
y, por último, la topografía accidentada que ha
obligado a unas expansiones adaptadas al relieve con lo que
la trama urbana, presenta una estructura compleja similar a
la otros pueblos serranos andaluces.
Además
de los dólmenes megalíticos, la cerámica
y joyas prehistóricas, el cementerio árabe, el
castillo y otros muchos restos almacenados por el tiempo, esta
localidad exhibe otros contenidos artísticos y monumentales.
El edificio más representativo es la Iglesia Parroquial
de San Juan Bautista. La primitiva iglesia, probablemente mudéjar,
posee elementos del periodo renacentista avanzado aunque los
sucesos previos a la guerra civil, causaron pérdidas
importantes. También son de señalar la Fuente
Abrevadero y la peculiar y hermosa plaza de toros.