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El edificio más ilustre es el llamado Palacio de Hernán Cortés, que no era de Cortés, sino de un edil del ayuntamiento de Sevilla, el jurado Rodríguez, amigo del conquistador de Méjico. Aquí vino Cortés a reponer su salud, invitado, y aquí le sorprendió la muerte, parando su corazón que tanto había latido en aquella guerra sobrehumana en que con unas docenas de soldados se apoderó de todo un imperio.
En el jardín de este palacio hay una curiosa, curiosísima lápida de piedra pizarra, cuya inscripción es una sola palabra: Cordobés. ¿Y quién es este cordobés que está enterrado en un jardín? Pues el caballo que salvó la vida de Hernán Cortés en la batalla de la Noche Triste. Como Bucéfalo de Alejandro, o como Babieca del Cid, fue un caballo glorioso. Cortés se lo trajo cuando vino de Méjico y aquí, ya jubilado de la silla y las bridas, Cordobés vivió sus últimos días en esta finca luminosa del Aljarafe. Hoy el palacio es Colegio de las Irlandesas. |