Villa
sevillana perteneciente al partido judicial de Estepa, Casariche
se extiende sobre la llanura del Río Yeguas como contrapunto
a la excitada orografía de Estepa, municipio del que
dependió hasta su independencia como ayuntamiento. El
municipio ocupa un sector de la franja oriental de la provincia,
en zona de olivares y a unos 120 kilómetros de la capital.
La
población total del municipio ascendía en 1.996,
a 5.132 habitantes que se distribuyen, además de en la
propia villa de Casariche, entre el Caserío de Cortijo
Almeda y los diseminados de Ribera Baja, El Riguelo y Viña
Diego.
Los
orígenes históricos de Casariche hay que buscarlos
en tiempos de los celtíberos; fue entonces cuando se
fundó la ciudad de Ventippo, tres kilómetros al
norte de la ciudad actual y en la orilla del Yeguas, como testimonian
las ruinas que se conservan. La villa pasó a integrarse
al poco en las posesiones romanas del sur, y vivió uno
de los episodios más fundamentales de toda esa etapa,
ya que fue escenario de la guerra civil entre dos de los triunviros
latinos: Gneo Pompeyo Magno y Cayo Julio César. La población
tomó partido por el perdedor, quedando al amparo de los
hijos de Pompeyo hasta que César, una vez sitiada la
zona, la conquistó para su facción. Desde entonces
y hasta la llegada de los musulmanes la crónica se oscurece
por falta de datos documentados. Ya en época árabe
formó parte del Waliato de Estepa y resaltó por
su importancia como núcleo urbano. Más tarde llegarían
los cristianos y el lugar se entregó en galardón
y señorío a la Orden de Santiago.
En
el siglo XVI cambió de dueño con la creación
por Felipe II del Marquesado de Estepa, otorgado a Adán
Centurión, almirante de la escuadra española.
La que había sido una próspera villa quedó
un tanto relegada, a modo de barrio o núcleo periférico
de Estepa, aunque al menos en 1.788 era ya Ayuntamiento.
La
estructura urbanística de la villa viene determinada
por dos elementos que han determinado su crecimiento y desarrollo
hasta el momento actual, éstos son el cauce del río
Yeguas y la vía férrea. El núcleo originario
se ubica sobre la margen izquierda del río, formando
una trama urbana bastante ortogonal. Las posteriores expansiones
se han producido de forma anárquica hacia todas las direcciones,
y especialmente, entre el cauce y la vía férrea
y al oeste de la misma.
Los
restos de Ventippo trazan un pasado antiquísimo para
una localidad incluso más veterana de lo que indican
estos vestigios celtíberos y romanos. Sobresale especialmente
el yacimiento de El Cerro de la Atalaya, donde se han encontrado
importantes recuerdos, en su mayoría romanos. Dentro
de la ciudad, únicamente merece destacar la iglesia de
Nuestra Señora de la Encarnación, edificio de
una sola nave, de cruz latina que data del último tercio
del XVII y presenta estilo barroco, a pesar de las importantes
reformas y adaptaciones que ha sufrido a lo largo de su historia.