El ambicioso proyecto reformista de la España ilustrada, las Nuevas Poblaciones, se vio obstaculizado por la reacción de los terratenientes; propietarios de grandes fincas que hicieron la vida imposible a los nuevos inquilinos, llegando a darse episodios trágicos que terminaron cuando el rey mandó ajusticiar a algunos de sus responsables. Sin embargo, los colonos alemanes, franceses y suizos, entre otros, vieron que el paraíso que se les había prometido no era más que un baldío. En esos inicios de penuria nació Cañada Rosal, que debe su nombre a las cañadas reales que surcaban la zona y a la probable existencia de rosaledas.
Desde sus comienzos se ajustó al régimen de Fueros por el que se regían las nuevas poblaciones de la Sierra Morena, hasta que llegado el año 1.835, y derogado el anterior sistema foral, pasó a ser aldea del municipio matriz de La Luisiana. En estas circunstancias, se mantuvo hasta el 27 de agosto de 1.986 en que obtuvo la independencia municipal.
La estructura urbana presenta una trama urbana muy ortogonal, fruto de su origen como población planificada. El núcleo originario presenta una forma prácticamente cuadrangular, en cuyo centro se ubica la plaza en la que se ubica la Iglesia.
Las expansiones posteriores se han producido en todas las direcciones, respetándose en la mayor parte de ellas, la trama ortogonal continuadora de la existente en el núcleo original.
El contenido monumental de Cañada Rosal es casi inexistente, destacando únicamente la Iglesia de Santa Ana, que es de factura moderna. Sí se cuentan con algunas casas coloniales cerca del templo que se han conservado como testimonio de la fundación.