El
municipio de Las Cabezas de San Juan ocupa un espacio de transición
entre la Campiña y las marismas del Guadalquivir. Se
localiza en el extremo meridional de la provincia de Sevilla,
siendo limítrofe con la de Cádiz. En 1.996 disponía
de una población de 15.509 habitantes, de los que cerca
del 90 % residían en el núcleo principal. Entre
las restantes entidades de población del término
destacan los poblados de Marismilla, San Leandro, Vetaherrado
y Sacramento.
Los
restos arqueológicos más antiguos existentes en
estas tierras son de época ibérica. Con posterioridad,
el general cartaginés Aníbal ordena construir
numerosas torres de vigilancia entre Gades y la zona de Sevilla,
que cuando son conquistadas por el romano Escipión, son
denominadas Turris Hannibalis. El conjunto de torres se mantiene
en pie durante toda la colonización romana, siendo heredadas
por los árabes, que cambian su nombre por el de Atalayas
de Montúfar. El actual nombre de la población
se acuña tras la conquista cristiana, respondiendo a
su situación orográfica en una serie de pequeños
cerros, conquistados por la Orden Militar de San Juan de Jerusalén.
En el siglo XVII (durante el reinado de Carlos II) la localidad
es vendida al Conde de Cañete. En 1.820 se produce en
Las Cabezas un hecho importante en la historia de España, la sublevación del General Riego contra la política absolutista de Fernando VII para promulgar la Constitución en 1820. Aquí en Las Cabezas está la casa en que se alojó Riego, y hay recuerdos suyos en el Ayuntamiento y en los muros de algunas calles.
El suceso histórico ocurrió de este modo: En el mes de diciembre de 1819 se habían acampado en los alrededores de Jerez y Cádiz varios regimientos que formaban una columna para embarcar en una flota que se dirigiría a Méjico para sofocar la sublevación independentista de aquella colonia española. Don Rafael del Riego era teniente coronel en uno de aquellos regimientos, y de acuerdo con los otros jefes, Quiroga, San Miguel y Galiana, decidieron impedir que los regimientos salieran para América, para lo que Riego reunió aquí en la Plaza a sus soldados, y desde el balcón del ayuntamiento lanzó la proclama, restaurando la constitución de 1812 que había sido abolida. Después las tropas marcharon sobre Madrid, y Rafael del Riego se convirtió en el héroe nacional, y gobernó durante tres años, al frente del partido liberal revolucionario.
Aquí en Las Cabezas se inició aquella etapa de la historia de España, con repercusiones internacionales.
En 1821 las Cortes aprobaron una ley en virtud de la cual, el pueblo de Las Cabezas de San Juan que era villa, ascendía a la categoría de ciudad. Las mismas Cortes le concedieron como escudo municipal un castillo sobre ondas de mar, y arriba dos brazos con esposas en las muñecas, y rota la cadena que los unía.
La
cabecera municipal se alza sobre una de las colinas que dominan
la amplia llanura al borde de la Marisma. Su configuración
topográfica le ha convertido en un lugar de fácil
defensa ante los invasores y frente a las inundaciones del río.
Además, ocupa una posición estratégica
como cruce de caminos en la ruta entre Sevilla y la Bahía
de Cádiz.
Durante
la dominación romana ya existió en el actual asentamiento
un núcleo urbano de 24 has., con forma rectangular y
delimitado por las actuales calles Calvario Alto (este), General
Delgado (oeste), Córdoba (sur) y Murallas (norte). El
viario se orientaba en sentido norte-sur. Durante la Edad Media,
la localidad se va ampliando con calles radiales y manzanas
en forma de cuña, teniendo como límites del recinto
amurallado a finales del siglo XV las calles Carril Ancho (al
oeste) y San Ignacio de Loyola (al sur).
En
el siglo XVII, el Conde de Cañete destruye gran parte
de la muralla con idea de construir un palacio. Las Cabezas
se convierte en una villa abierta y se transforma en un asentamiento
plenamente urbano, abandonando el carácter militar que
había tenido hasta entonces. En el siglo XVIII se reordena
el casco antiguo y la trama se expande hacia el norte, dando
continuidad al Carril Ancho y a la calle General Delgado, conformando
la calle General Laserna y convirtiéndose la Plaza de
la Constitución en el centro urbano.
En
el siglo XIX continúa el crecimiento hacia el norte y,
por primera vez, hacia el sur, generando una cuña de
calles que buscan el camino de Lebrija. Queda ordenada toda
la colina que puede denominarse asentamiento histórico,
aunque todavía existen algunos vacíos que se rellenan
a lo largo del siglo. En la primera mitad del siglo XX se producen
asentamientos periféricos en las faldas de la colina,
allí donde la topografía lo permite, agotándose
sus posibilidades de colmatación. En los últimos
años ha variado el esquema histórico de crecimiento,
produciéndose desarrollos urbanos a lo largo de casi
todos los caminos: hacia el norte (con eje en la C-441), el
este (C-343) y el sur (SE-695 y C-441), funcionando la Autopista
Sevilla-Cádiz como una cierta barrera al crecimiento
urbano por el oeste.
La
localidad sigue conservando en buena medida la morfología
almendrada que ha tenido históricamente, con largas manzanas
orientadas aproximadamente de norte a sur. En los desarrollos
más recientes han aparecido las nuevas tipologías
constructivas. La travesía de la carretera C-441 sigue
estructurando en buena medida el núcleo urbano.
Entre
sus edificaciones de interés histórico artístico
cabe destacar la Iglesia Parroquial de San Juan Bautista (siglo
XVIII) y la ermita de San Roque (siglo XVII).