Se
sitúa a 23 kilómetros de la capital provincial,
recogiendo las brisas de sus 90 metros de altitud, un pequeño
paraje natural de hermosos paisajes y tradicionales usos denominado
Burguillos. Se encuentra ubicada esta localidad en las estribaciones
de Sierra Morena, es decir, en la Sierra Norte que corona la
provincia y la comarca de La Vega.
La
población del municipio en 1.996 ascendía a 3.451
habitantes, la mayor parte de los cuales se concentra en el
núcleo principal. Una segunda entidad de población
existe en el municipio, que es el Cortijo de Mudapelos.
No
se poseen datos concretos relativo a los orígenes y fundación
de esta localidad serrana de Burguillos, aunque pudo tratarse
de algún asentamiento de época romana al haber
aparecido restos arqueológicos que avalan esta tesis
y ofrecen un cierto paralelismo con obras encontradas pertenecientes
a este mismo periodo. A pesar de las ruinas, que indican la
existencia de alguna edificación antigua, mas bien parece
que se trataría de construcciones aisladas sin entidad
urbana, villas agrícolas o casas de recreo que no llegaron
a formar núcleo de población estable.
El
pueblo empieza a cobrar vida como tal en tiempos de los visigodos,
allá por los inicios de la Edad Media, ya que su nombre
inclina a pensar que fueron los bárbaros germánicos
sus padrinos; de este modo, la denominación actual procedería
de Burg o Burgo, lo que para los centroeuropeos significaba
precisamente pueblo o ciudad. Burguillos, por tanto, sería
el equivalente a pueblo pequeño o aldea. Allá
por la época árabe, el poblado cobró mayor
importancia y se formalizó en su estructura y ubicación.
De hecho, fueron los musulmanes quienes cambiaron el primitivo
emplazamiento del Burgo godo como prevención ante las
frecuentes avenidas del Arroyo Huerta Abajo. Sin embargo, y
a pesar de ello, los árabes no dejaron recuerdos de importancia
en estas tierras.
La
evolución del núcleo se inicia desde un núcleo
originario que podemos situar en el entorno de la actual calle
Real, que constituye un núcleo compacto de estructura
anárquica y rodeado, especialmente en su zona noroeste,
por grandes manzanas en muchas de las cuales se mantienen los
usos agrícolas del suelo. Las primeras expansiones se
desarrollan hacia el sureste en forma de grandes manzanas alargadas
con dirección noroeste-sureste. Por otra parte, se produce
una nueva expansión hacia el suroeste, independizada
del núcleo originario.
Las
expansiones más recientes se producen al noreste, en
la barriada situada en torno a la calle de las Espigas.
Entre
los monumentos dignos de mencionar en el municipio, existen
algunos especialmente hermosos erigidos tras la Reconquista,
de entre los cuales destaca una bella muestra arquitectónica
de estilo mudéjar medieval, aunque reformado y mejorado
en el siglo del Barroco, que es la Iglesia Parroquial de San
Cristóbal. El edificio está formado por dos naves
separadas por pilares cuadrangulares que apean arcos de medio
punto. Interesante resulta también, como lugar de interés,
el emplazamiento de las ruinas del convento del Espíritu
Santo del Monte. Muy deteriorados, por el contrario, están
los muros romanos de argamasa del sector oriental.