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Las
Cofradías de Penitencia de Sevilla
Hay constancia de hermandades de laicos en Sevilla, organizadas
con distintos fines religiosos, desde los primeros tiempos
de la Reconquista. Sin embargo estas primeras instituciones
no realizaban procesiones penitenciales, ni centraban sus
meditaciones y cultos en la Cruz y otros momentos de la
Pasión. Eran hermandades de luz, para distinguirlas
de las que vendrán luego, las de sangre.
Algunas,
como la de la Santa Cruz de Jerusalén (El Silencio),
la de Nuestra Señora de los Angeles (los Negritos),
la de la Santa Faz y Nuestra Señora de la Encarnación
(El Valle), la del Santísimo Poder y Transpaso (El
Gran Poder), parece que se fundan en los siglos XIV y XV
como hermandades de luz y aprueban reglas de penitencia
en el siglo XVI, convirtiéndose desde entonces en
corporaciones de sangre. Sin embargo no es descartable que
alguna de ellas practicase la disciplina pública
en actos colectivos de imploración y rogativa.
La hipotética fundación del Silencio en 1340
y primera salida procesional de 1356 desde la Parroquia
de Omnium Sanctorum hasta el Hospital de San Lázaro
(el único testimonio es indirecto: la crónica
del hermano mayor de la corporación Tomás
Pérez Pérez, de 1621) podría estar
vinculada, como ya señalara Bermejo, a la epidemia
de aquellos años, y no sería raro el cultivo
de tales rigores.
Sí es seguro, en cambio, la introducción del
culto a la Cruz desde mediados del siglo XV y la fundación
de hermandades de la Vera Cruz en toda Andalucía,
al igual que en Castilla, en las últimas décadas
del siglo XV y primeros años del XVI (documentadas
por Sánchez Herrero). En Sevilla la Vera Cruz pudo
ser la primera cofradía de penitencia, si damos crédito
a las palabras del Abad Gordillo, a falta de una confirmación
documental. De ser así estaríamos hablando
del año 1480.
Pero
más allá del prurito de la antiguedad (la
cuestión está lejos de resolverse con el estado
actual de nuestros conocimientos) lo cierto es que las Cofradías
de Penitencia son un fenómeno del siglo XVI, o como
mucho de finales del siglo XV. Las agrupaciones anteriores,
practicasen o no la disciplina pública, poco tienen
que ver en su organización, objetivos y cultura devocional
con las nuevas hermandades. Estas se distinguen por el culto
a la cruz, la sangre de Cristo, las estaciones del Vía
Crucis y por extensión todos los misterios de la
Pasión. Hay quien las ha llamado, en este sentido,
"Cofradías devocionales en torno a la Pasión",
con lo que se evita el estéril debate acerca de la
disciplina pública.
Pero además son hermandades que ejercen activamente
una pedagogía de la Pasión a lo largo del
año, que ordenan su vida de acuerdo a un modelo de
militancia cristiana basado en la purificación (rituales
de confesión y comunión), la oración
(letanías, meditación y sermón) y la
penitencia (en privado o en público), según
el esquema de Matecón Movellán. La procesión
de Semana Santa sería el acto de mayor ejemplaridad
pública de toda una vida sometida a regla. Por último,
las hermandades de penitencia, a diferencia de los institutos
anteriores que tenían un marcado carácter
comunitario, suelen ser instituciones abiertas, lo que no
quiere decir que con el tiempo no tiendan a ser monopolizadas
por corporaciones profesionales y gremios.
En resumen, una cofradía de penitencia era en el
Siglo XVI una agrupación de laicos con carácter
interclasista, pero predominio de sectores populares, que
se instituye (generalmente dotándose de reglas) para
imitar a Cristo en alguno de los pasos de su Pasión,
a cuyo fin ordena su vida comunitaria y sus actos públicos
de devoción, entre los que se encuentran los cultos
y la procesión de penitencia. Suele representar el
misterio de su advocación en una imagen que imite
al natural ese instante de la historia sagrada. Cubren también
muchas de las funciones que realizaban las antiguas hermandades
de luz, conforme estas desaparecen o son absorbidas por
las de penitencia: especialmente la asistencia de viudas,
huérfanos y entierros.
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